Hace 11 años hoy, mis amigos Deah Barakat, Yusor Abu-Salha y Razan Abu-Salha fueron asesinados en Chapel Hill en un crimen de odio. Pienso en ellos todo el tiempo. Aunque los años siguen pasando, su pérdida nunca parece estar más lejana. Soñábamos con formar familias juntos, lado a lado, y a veces, al mirar a mis hijos, me atóne el dolor al saber que nunca llegarán a conocerse. Más de una década después, todavía pienso en cómo las acciones de una persona acabaron con tres vidas en menos de treinta segundos. Eran vidas grandes—llenas de amor por la familia, los amigos y la comunidad. Perdimos las bendiciones de las vidas que habían vivido. Perdimos todo el futuro que nunca podremos compartir con ellos. Puede que se hayan ido, pero sus luces nunca se apagarán. Aún podemos construir el futuro que imaginamos para nuestros hijos, como testimonio de su memoria viva. Con cariño, Nida 🧡