PREOCUPANTE: Los gobiernos de todo el mundo están de repente reactivando políticas que resultan inquietantemente familiares: mandatos de trabajo remoto, desincentivo de los viajes y racionamiento de combustible, todo ello provocado por una crisis energética global que se agrava rápidamente. Y esta vez, no es el COVID-19 quien impulsa las restricciones. Es aceite. Mientras la guerra en Oriente Medio interrumpe el suministro de combustible y hace que los precios se descontrolen, gobiernos desde el sudeste asiático hasta Europa se apresuran a conservar energía. Tailandia y Vietnam ya están instando a los empleados públicos a trabajar desde casa, mientras piden a los ciudadanos que eviten los viajes al extranjero y reduzcan el uso de vehículos personales. En la capital vietnamita, Hanói, las autoridades incluso animan a los residentes a abandonar por completo sus coches, recomendando el transporte público, el ciclismo y el coche compartido a medida que suben los costes del combustible y las gasolineras acortan su horario. Pero la tendencia se está extendiendo mucho más allá del sudeste asiático. Pakistán está trasladando grandes partes de su plantilla al trabajo remoto, reduciendo el personal de oficina a aproximadamente la mitad de su capacidad e introduciendo semanas laborales de cuatro días en algunos departamentos. Las escuelas y universidades están pasando a lo online para reducir los desplazamientos y ahorrar combustible. Filipinas está implementando medidas similares, incluyendo semanas laborales de cuatro días en oficinas ejecutivas y ampliación del trabajo remoto tanto en el sector público como en el privado para reducir el consumo de combustible. Bangladés ya ha cerrado universidades para conservar electricidad y combustible de transporte, mientras que Myanmar ha comenzado a racionar el combustible obligando a la mitad de los vehículos privados del país a salir de las carreteras cada día basándose en los números de matrícula. Mientras tanto, en el Reino Unido, se está aconsejando a los conductores que conduzcan menos, mientras que las autoridades indias han invocado poderes de emergencia para racionar el suministro de GLP para restaurantes y negocios. Y en Australia, la crisis ya está llegando a fondo. Los agricultores informan de depósitos de diésel vacíos, maquinaria atascada y entregas canceladas, mientras que algunas gasolineras limitan a los clientes a solo 20 dólares de combustible a medida que se extiende la compra de pánico. Si la escasez de energía se agrava, estas primeras medidas de conservación podrían evolucionar rápidamente hacia algo mucho más restrictivo. La pregunta ahora es obvia: ¿estamos viendo la primera fase de los confinamientos energéticos globales? Si la situación en Oriente Medio no se resuelve pronto, estas medidas podrían ser solo el principio. No te pierdas el informe de @zeeemedia: 👇