Entiendo que cada uno está en su propio viaje, y el estado actual del mundo no siempre facilita ese viaje. Pero para aquellos que han experimentado trauma infantil o cualquier tipo de ello, años viviendo en modo de huida o lucha, y que han elegido hacer el trabajo de sanación, a menudo se hace evidente que la sanación no es una meta. Es un proceso continuo de desaprendizaje. Es el lento despojo de capas que se construyeron para protegernos. Capas de vergüenza, miedo y patrones de supervivencia que una vez nos ayudaron a entender el mundo. Con repetición, acción y conciencia, comenzamos a encontrar esas partes de nosotros mismos con empatía, amor y compasión en lugar de juicio. Lo que también se hace evidente en el camino es que esta experiencia no es única para nosotros. Todos cargan alguna forma de vergüenza, algún nivel de herida, alguna historia que moldeó cómo aprendieron a sobrevivir. Cuando reconocemos esto, algo cambia. La compasión crece. No solo por nosotros mismos, sino por los demás. La sanación entonces se convierte menos en arreglar lo que está roto y más en reconectar con el conocimiento de lo que siempre fue humano y hermoso. Agradecido por cada tropiezo/paso en esta vida. El viaje continúa 🤍🪽✨