Siempre que te sientas molesto o ansioso, pregúntate "¿por qué?" al menos tres veces y escribe las respuestas en papel. Describir estas dudas por escrito reduce su impacto a la mitad. Primero, a menudo es la naturaleza ambigua de la autocrítica lo que más duele. Definirla y explorarlo por escrito exige claridad de pensamiento, tras lo cual la mayoría de las preocupaciones resultan ser infundadas. En segundo lugar, registrar estas preocupaciones parece de alguna manera sacarlas de tu cabeza.