En 1798, un científico "pesó" efectivamente la Tierra — sin salir de su laboratorio.
El científico inglés Henry Cavendish diseñó un experimento increíblemente sensible.
Dentro de un cobertizo de madera tranquilo, colgaba una varilla horizontal de un alambre muy fino. Dos pequeñas esferas de plomo estaban unidas a los extremos de la varilla.
Cerca, colocó dos bolas de plomo mucho más grandes.
Por la gravedad, las grandes esferas atraían ligeramente a las más pequeñas. La fuerza era extremadamente pequeña — tan pequeña que la varilla giraba solo una fracción de grado diminuta.
Sin embargo, ese pequeño giro guardaba un gran secreto.
Midiendo cuidadosamente este pequeño movimiento, Cavendish determinó la intensidad de la atracción gravitatoria entre objetos.
A partir de esto, los científicos pudieron calcular la masa de toda la Tierra.
Su estimación era sorprendentemente cercana.
Cavendish calculó que la masa de la Tierra era de unos 6 × 10²⁴ kilogramos, mientras que las mediciones modernas dan 5,97 × 10²⁴ kilogramos.
A veces, los mayores descubrimientos provienen de medir las fuerzas más pequeñas.