En 1884, Eugen von Böhm-Bawerk tomaba el té con colegas de la Universidad de Innsbruck cuando un profesor se quejó de que los trabajadores exigían pagos inmediatos de salarios en lugar de esperar pagos mensuales. "¿Pero no entienden que ganarían más con paciencia?" resopló el profesor. Böhm-Bawerk dejó la taza y sonrió. "Los bienes presentes suelen valer más para nosotros que los bienes futuros de igual tipo y número." Esto no se trataba solo de trabajadores impacientes—era la base de toda formación de capital e interés. Explicó que un pájaro en la mano realmente vale más que dos en el monte, no porque la gente sea tonta, sino porque es racional. El tiempo en sí mismo crea valor. Y este tiempo la preferencia impulsa toda la estructura de producción, ahorro e inversión. Los banqueros centrales de hoy manipulan los tipos de interés como si la preferencia temporal no existiera—bajando artificialmente el "precio" de los bienes futuros en relación con los presentes. Pero Böhm-Bawerk sabía que no debía luchar contra la naturaleza humana.