En clase, hace unas semanas, un estudiante mencionó la "palabra g". Nadie más (excepto yo) sabía a qué se refería. No llamar a alguien con un insulto es una cortesía básica, pero la idea de que ciertas palabras tabú nunca deberían ser pronunciadas es perniciosa. No deberíamos ser niños asustados por palabras mágicas.